lunes, 5 de abril de 2010

Lenguas extrañas

Me gusta leer libros en otros idiomas porque me permiten (al menos por cinco minutos al día) sentirme extraño y extranjero, aunque sólo sea en las arquitecturas mentales que se construyen en otras lenguas, por la sensación de ausencia y ser ajeno que me despiertan las palabras desconocidas, las sintaxis exóticas y las gramáticas complejas que hay que ir descifrando página tras página.

lunes, 8 de marzo de 2010

Como en un día de fiesta


Como en un día de fiesta,
las respetables mujeres maduras
de respetables barrios londinenses
enseñaban las tetas en la piscina
a las diez y cuarenta y ocho de la mañana.

Por el desayuno desfilaba
una monstruosa parada
de tullidos, lisiados y jubilados
por obra y gracia de las británicas pensiones
de Su Majestad la Reina.

Luego estaban los tatuados,
los solícitos macarras de la happy hour
(de 17:00 a 18:00h y de 20:00 a 21:00h),
los impasibles espectadores
de dúos musicales con desconchones.

Lo mejor era volver a la habitación,
encender la tele
y encontrarnos en las sábanas blancas.

Hacer el amor y soñar
con Cabo de Gata y películas de Sergio Leone.
Como si fuera un día de fiesta.

lunes, 1 de marzo de 2010

Otra ciudad

A veces sueño con empezar una vida nueva en una ciudad desconocida, y enamorarme de ella como de una mujer casada, que se entrega adúltera y sin ser nunca tuya. Quererla en lugares de paso y a horas intespestivas. Aprender su idioma, el lenguaje de sus gestos y los caprichos de su mapa. Ver cómo anochece en sus tejados.

jueves, 25 de febrero de 2010

Noche de viento

Era una noche inhóspita de gente recogida, de ésas en las que apetece tomar las esquinas de calles antiguas. El viento, incómodo, levantaba a rachas un polvo arenoso que iba a acumularse entre los adoquines, que se incrustraba en las ventanas (entre el cristal y la madera) de viejas casas, no se sabe si habitadas del todo.

Galería Pasos y Días.

lunes, 22 de febrero de 2010

Ciro

Ciro es un hombre fuera de lo normal. Lo que pasa es que a veces estas personas llegan a nuestro mundo cotidiano sin hacer ruido, y eso nos impide ver sus pequeños y grandes detalles. Pero, un buen día, se nos revelan en toda su plenitud.

Ciro es ese hombre que siempre está en movimiento, al que me encuentro yendo a alguna parte, pero nunca parado. Cuando nos encontramos, sonríe y me llama por mi nombre, para decir a continuación con su voz intensa un "hola" que parece llegar desde las alturas bolivianas con el sonido lejano de un tinku, o la festividad del carnaval de Oruro, donde nació.

Artista, obrero y, sobre todo, un hombre bueno, Ciro dejó Bolivia con 18 años. A esa edad ya tan lejana se convirtió en lo que aquí llamamos "inmigrante". Chile, Argentina, Paraguay, Uruguay Brasil... Ha pasado media vida de país en país y volviendo a Bolivia. Ahora, con 53 años, anda con el corazón a medio camino entre mi ciudad y su Cochabamba, donde dejó a su mujer y sus hijos.

Tiene una caja de herramientas y busca trabajo para enviar algo de dinero a casa. La vida le podría haber tratado mejor, pero él no pierde la sonrisa, y eso me hace mantener la confianza en el ser humano.

Ciro es una persona fuera de lo normal, sobre todo porque no lo aparenta, como los superhéroes.

Galería Ciro.
Galería Pasos y Días.

lunes, 15 de febrero de 2010

La realidad

No hay nada más allá de un trozo de calle en el que todas las líneas confluyen en el mismo punto: los grafittis, las paredes grises de edificios inacabados, la luz perezosa de los televisores que sale por las ventanas de los edificios y sus galerías manchadas de humedad en las que siempre hay ropa tendida.

A veces chocamos con la realidad que hay detrás de las grandes avenidas.

Otras veces chocamos con la realidad como el que se estrella contra una pared sucia.

martes, 9 de febrero de 2010

Suéltalo ya

“Suéltalo ya”, le dijo Humphrey Bogart a la dama. Sólo unos segundos antes yo te había dicho “suéltalo ya”, mientras veíamos la película, y entonces Humphrey Bogart dijo “suéltalo ya”, y yo me quedé atónito mirando la pantalla, y tú también, pero tú me mirabas a mí. Como cuando estás leyendo la palabra convergencia en un libro o en el periódico y de repente la escuchas en el telediario o en una canción, a la vez, y no te queda más remedio que levantar la cabeza de lo que lees, atónito, y preguntarte por la casualidad o por la probabilidad de que entre las cien o doscientas mil palabras que conforman un libro, el presentador o Humphrey Bogart repita ya no sólo una palabra sino una expresión completa. “Suéltalo ya”. Como si Humphrey Bogart supiera lo que pensaba y lo que iba a preguntarte, y ya los dos sin saber exactamente qué hacer, mirando atónitos al televisor, cuando Bogart, en el papel de Sam Spade o Philip Marlowe, private investigator, le preguntaba a una bella dama por algo e insistía “suéltalo ya”. SS o PM, qué más da, querían saber si la bella, joven y atractiva dama engañaba a su marido con otro tipejo, y en ese momento ni tú ni yo éramos conscientes de lo que estaba pasando a nuestro alrededor. Así que confesé que había contratado a un detective para que te siguiera, y tú arrancaste (arrancaste, como algo que se arrebata o se quita) a llorar y te tapaste la cara y me dijiste que te veías con otro. Aunque puede que Humphrey Bogart nunca dijera aquella frase en ninguna película, como tampoco nunca dijo play it again, Sam. De todas formas, no estoy seguro de nada. Sam Spade y Philip Marlowe se parecen tanto que cualquiera diría que tienen la cara de Humphrey Bogart.

(Nota: me apetecía recuperar algunos de los relatos breves escritos hace un tiempo, y así ponerles también imágenes. Que nadie piense lo que no es).

Galería Pasos y Días.

domingo, 7 de febrero de 2010

Lunes

Los lunes son absurdos. No son días, son callejones sin salida. De repente, la vida es una calle de sentido único en la que no es posible tomar otra dirección. Hay que joderse, en cada esquina del calendario hay un policía local.
Galería Pasos y Días.

martes, 2 de febrero de 2010

Una tarde en el puerto

Me hubiera gustado crecer en una ciudad con puerto y ver el mar como sólo lo ven los niños. Me despertaría escuchando las gaviotas. Luego, iría hasta algún muelle para ver a los barcos perderse por el horizonte, o volver de él.

miércoles, 27 de enero de 2010

Días tristes y sin paraguas

Lo mío con los paraguas es algo personal, una relación amor/odio repleta de despedidas bajo la lluvia y reencuentros tormentosos.

lunes, 25 de enero de 2010

Sábado

Los sábados me pongo ermitaño. Es algo que me viene solo, como si fuera la resaca que dejan cinco días de ruido y prisas. Sólo pienso en espacios abiertos y vacíos, en fotos de paisajes desiertos.

Galería Pasos y Días.

jueves, 21 de enero de 2010

Rebajas de enero

A menudo, por circunstancias que ahora no vienen al caso, suelo pasar ratos muertos dando vueltas por los centros comerciales. Esto hace que me dedique a observar con curiosidad entomológica este entorno. Una de las preguntas que me hago: ¿por qué no hay maniquíes que sonrían?

sábado, 16 de enero de 2010

Aguaderas

La música y el baile, la celebración... El rito del calendario: el sacrificio de los animales, la siembra y la cosecha, las almas en pena. Los cambios de estación y, en definitiva, el paso del tiempo. La música y el baile, la celebración de la existencia.

Imposible no pensar en los versos de Antonio Machado:
"Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra".
Galería Aguaderas.
Galería Pasos y Días.

miércoles, 13 de enero de 2010

Radio Patio

Vivió en mi edificio durante un tiempo, aunque nunca la vi en persona. Su presencia sólo era una voz que oía en el patio de luces. Una vez la escuché discutir con un hombre que hablaba en portugués y al que se dirigía como a un reciente amante. Tenía una voz recia y firme, voz de mujer ya madura y acostumbrada a dar órdenes sin que fueran desobedecidas, aunque al mismo tiempo procurara transmitir calma. Tal vez una enfermera, jefa de planta en un hospital, o la responsable de un comedor de educación primaria.

Su inflexión era perfecta y le explicaba al hombre en qué punto se encontraba "su historia" (una historia tal vez más larga, desconocida para mí, que tan sólo vislumbré esta conversación un par de minutos). Me imaginaba esa presencia masculina y apocada ante una mujer con las ideas tan claras, que en ese momento desgranaba con de forma razonada, ajena a lo sentimental, y argumento tras argumento, por qué no podían retomar su relación. Ella le explicaba que ninguno de los dos eran ya niños, que había estado bien, pero que tenían edad y madurez para comprender que lo suyo había acabado hacía tiempo. Ahora, dijo ella, necesitaba estar sola.

Galería Pasos y Días.

domingo, 10 de enero de 2010

'Round About Midnight

El viernes me hice con el vinilo de Kind of Blue y me vino a la memoria que el primer disco compacto de jazz que me compré también fue de Miles Davis. La noche anterior había estado con unos amigos en un pequeño café de Madrid en el que todas las noches había jazz en directo. Era un café de poca luz y reflejos dorados, veladores de marmol y fotos de Louis Armstrong y Ella Fitzgerald colgadas en la pared. La clientela era surtida: señores mayores que traían a sus señoras para dárselas de interesantes, hippis reconvertidos, guiris americanos en su curso de intercambio, un trompetista espontáneo entrado en años y en chándal y también una rubia escandalosa con un curiosa parecido a una conocida actriz porno checa.

Recuerdo el impacto que supuso mi primer contacto con el jazz, a esa edad en la que la vida es un libro en blanco del que estamos deseosos de llenar páginas. Tocaba un cuarteto que se pasó la noche interpretando jazz al más puro estilo de Nueva Orleans y ya no puede despegarme de aquella música, de sus posibilidades infinitas.

Al día siguiente algo me empujó a buscar discos de jazz en las tiendas del centro, y allí estaba 'Round About Midnight, de Miles Davis. Cuando llegué a casa, no tardé en ponerlo. Comenzó a sonar la primera canción, la que da al título al disco, y a los pocos segundos, ahí entraba, afilada como los sentimientos a los que no se les puede dar nombre, la trompeta de Davis. Una trompeta cargada de humo para hacerla sonar a la hora en la que las mujeres se dejan quitar la ropa, o para las noches vacías de insomnio que se llenan con el ruido del camión de la basura, incluso para echar un cigarro los que no fumamos.

Tengo más discos de jazz en mi colección, pero sólo aquél me sacudió.

Galería Pasos y Días.