domingo, 10 de enero de 2010

'Round About Midnight

El viernes me hice con el vinilo de Kind of Blue y me vino a la memoria que el primer disco compacto de jazz que me compré también fue de Miles Davis. La noche anterior había estado con unos amigos en un pequeño café de Madrid en el que todas las noches había jazz en directo. Era un café de poca luz y reflejos dorados, veladores de marmol y fotos de Louis Armstrong y Ella Fitzgerald colgadas en la pared. La clientela era surtida: señores mayores que traían a sus señoras para dárselas de interesantes, hippis reconvertidos, guiris americanos en su curso de intercambio, un trompetista espontáneo entrado en años y en chándal y también una rubia escandalosa con un curiosa parecido a una conocida actriz porno checa.

Recuerdo el impacto que supuso mi primer contacto con el jazz, a esa edad en la que la vida es un libro en blanco del que estamos deseosos de llenar páginas. Tocaba un cuarteto que se pasó la noche interpretando jazz al más puro estilo de Nueva Orleans y ya no puede despegarme de aquella música, de sus posibilidades infinitas.

Al día siguiente algo me empujó a buscar discos de jazz en las tiendas del centro, y allí estaba 'Round About Midnight, de Miles Davis. Cuando llegué a casa, no tardé en ponerlo. Comenzó a sonar la primera canción, la que da al título al disco, y a los pocos segundos, ahí entraba, afilada como los sentimientos a los que no se les puede dar nombre, la trompeta de Davis. Una trompeta cargada de humo para hacerla sonar a la hora en la que las mujeres se dejan quitar la ropa, o para las noches vacías de insomnio que se llenan con el ruido del camión de la basura, incluso para echar un cigarro los que no fumamos.

Tengo más discos de jazz en mi colección, pero sólo aquél me sacudió.

Galería Pasos y Días.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Mis primeros diez años después

Quise hacer balance de 2009, y me salió un resumen de los últimos diez años, de la primera década de la que he sido plenamente consciente. Aquella que empezó con el efecto 2000 y un último curso del instituto más salvaje que los anteriores. Ya en 2000 estaba enamorado de la mujer de mi vida, aunque ella no se enamoró de mí hasta 2001. Ese año cayeron las Torres Gemelas y a mí me había cogido durmiendo la siesta. De repente el mundo entraba en el siglo XXI. Me fui a estudiar a Madrid: viví dos años en un colegio mayor gris y áspero, luego otros tres en Maudes 18, en Cuatro Caminos (os echo de menos a diario, chicos). En este tiempo, voté por primera vez. También grité aquello del “no a la guerra”, y hasta me compré camisetas y estuve en una plataforma, aunque desde entonces no he vuelto a ir a ninguna manifestación. Desperté en Madrid un 11 de marzo de 2003 y también me fui a dormir otra noche al calor del incendio del Windsor. Viví la euforia y la decepción olímpica de 2012, pero ésa no sería la única resaca. Estudié Periodismo porque era necesario para la profesión que quería hacer, aunque en realidad no sirvió de mucho. Fui becario, sí, y trabajé en una tele nacional, otra de mis mejores experiencias. En 2006 decidí volver a casa, y empecé a trabajar en la radio una semana después de terminar la carrera. Desde entonces no he hecho nada realmente emocionante: presenté durante dos años un programa cultural y ha sido lo que más me ha llenado. Al menos en lo profesional. Por lo demás, en 2007 me compré mi primera cámara réflex (por fin), y a menudo me dedico a actualizar los blogs que he creado y en los que sólo escribo tonterías. De vez en cuando, siento la necesidad de escribir un libro, cambiar de ciudad, de vida, de profesión. En 2009 firmé la escritura de un piso, nuestro primer piso. La hipoteca, por supuesto, no baja de los 35 años. Pero me da igual, en 2010 empezaré, empezaremos, una vida juntos, y por eso tengo gana de que llegue el nuevo año. Nos vemos dentro de una década.
Galería Pasos&Días.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Amanecer

Me gusta la gente que por la mañana va al trabajo a pie. A pesar de lo que tiene de rutinario, es ese momento del día en el que hay un resorte invisible en el que la ciudad articula todos sus hilos. Es una coreografía precisa de caras familiares, que se ordenan al compás preciso y escalonado de los horarios laborales.

A veces me gusta introducir una nota discordante en esa armonía y madrugo para salir de casa un poco antes. Ante mí encuentro un paisaje inédito, de extraños que coinciden en horarios diferentes, o de otros habituales que dan conmigo antes de lo previsto. Me pregunto si estos últimos se sorprenden, o si a los que no me encuentran les causa extrañeza mi ausencia, al igual que me resulta extraño no cruzarme a diario con la chica del supermercado, el repartidor de la carnicería musulmana, las madres que dejan a los niños en el colegio, los dos señores mayores de paso apresurado que discuten los titulares del periódico, la chica de la cola en el pelo y las botas altas, la de las botas de trabajo, o la otra, inquietante, que siempre lleva gafas de sol para tapar un pequeño defecto en el ojo izquierdo.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Pájaros mojados


Hoy no fue un día para pájaros en el alambre ni para viandantes en la parada del autobús. A la intemperie del frío y la lluvia. Ahí, aguantando el tirón los dos.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Hotel África

A propósito de la foto que ilustra este blog, una foto mala pero a la que le que tengo un cariño espeical: eran casi las siete de la mañana de un día de junio de 2006 y el sol brillaba ya en todo lo alto de la laguna salada de Túnez, iluminando una de esas ciudades a la que cuesta despertar porque se fue tarde a dormir. Yo acaba de terminar la carrera unas semanas atrás y apuraba también los últimos días de mis 22 años. Fue un viaje relámpago, de paquete y con pretensiones laborales, pero en el que, como escribió Ryszard Kapuscinski, "lo único que me intrigaba era ese instante concreto, ese paso, ese acto básico que encierra la expresión cruzar la frontera". Puse los pies en África, y no tuve la sensación de haber viajado muy lejos.

Entrada del 7 de junio de 2006, en El chico que observaba el infinito.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Alfar

Tierra, agua, fuego y, al final, el aire que seca la pintura con la que se adorna la cerámica: los cuatro elementos de la Antigüedad. Poco ha cambiado este trabajo desde entonces, desde los alfares fenicios, los romanos o los morunos, en los que la destreza del hombre es la responsable de la forma última de las figuras. Es el oficio en el que las manos se vuelven sabias.

Siempre me ha dejado boquiabierto este trabajo de dar forma al barro con las manos, tal vez porque, como enseñan la mitología clásica y también algunas religiones, los seres humanos no somos sino figuras de barro moldeados por los dioses a su imagen y semejanza.

Serie "Alfar".

lunes, 30 de noviembre de 2009

Casa huella

Después de muchos años, la casa se marchó, y dejó su huella como lo haría un peatón despistado al clavar su pie en el cemento fresco de la acera.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Historias verticales II

Crisis.

martes, 24 de noviembre de 2009

Ciudad de libros


"La mia mente continua a contenere un gran numero di città che non ho visto né vedrò, nomi che portano con sé una figura o frammento o barbaglio di figura immaginata."

Al volver la última página de "Le città invisibili" de Italo Calvino, imaginé una ciudad entera construida de libros. Primero pensé en Florencia. Pero más bien tenía que ser una ciudad en la que nunca hubiera estado, una como Nueva York: avenidas y más avenidas, largas, interminables, de rascacielos y torres altísimas de libros. Así.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Plaza de Abastos

Una vez, cuando era pequeño, mi madre mi llevó al médico. Al salir del consultorio, fuimos a hacer unas compras, y recuerdo que aquel día se abrió ante mí el mundo desconocido que se les oculta a los niños recluidos en las escuelas. Ese día me sentía como un explorador en un país extraño, el de los mayores, con sus señoras entrando y saliendo de las tiendas, el ruido matutino de las cafeterías, las persianas metálicas de los comercios y las furgonetas de reparto.

Recuerdo la impresión de la Plaza de Abastos (que aún estaba en el Centro y a la que se bajaba por unas escaleras), los olores y colores de su infinidad de puestos. El del pescado, del que me deslumbraron las hileras de azulejos blancos y el hielo sobre el que se alineaban animales para mí extraordinarios. La voz cantarina y gritona de los carniceros. El olor ácido y picante de los salazones y encurtidos. Y, sobre todo, las fruterías, con esas cajas de plástico sobre las que se derramaban en cascada lechugas, tomates y pimientos relucientes, racimos de uva, plátanos y naranjas.

Desde entonces tengo especial simpatía por ese tipo de mercados y tiendas, y cada vez que veo uno me viene a la memoria aquel día que me llevaron al médico, no recuerdo por qué, ni creo que fuera nada grave, porque sigo vivo.

lunes, 16 de noviembre de 2009

En el puente

Bienaventurados los atascos, porque (más allá de los improperios) nos dejan tiempo para pensar a solas. Atascado en el puente, como todos los lunes a las cinco y media, he visto pasasr delante de mí, a pie, a gente de noventa y dos países diferentes. Me he acordado de una frase que leí este fin de semana sobre la ciudad de Los Ángeles: "Es la clase de sitio donde todo el mundo es de algún lugar y nadie echa realmente anclas. Gente arrastrada por sus sueños, gente huyendo de la pesadilla". Es una frase del escritor Michael Connelly en un artículo del sábado. Yo lo leí el domingo, mientras desayunaba, y me he acordado esta tarde, como si no hubiera diferencia entre Los Ángeles y este pequeño rincón del mundo en el que todos los días hay atascos en el puente.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Mirón (tal vez "voyeur")

Por lo común, hablamos de las ciudades como espacios en los que las personas se encuentran y las historias se entrecruzan. Pero también están los que se espían y se persiguen, los que se anhelan escondidos, los mirones (o voyeurs, para los finos), los que se pasan horas en la ventana, o a los que delata su sombra alargada tras los pasos de una mujer por la calle.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Las ciudades

Las ciudades, sus calles y barrios, ¿se generan ellas mismas, evolucionan de forma orgánica? Si es así, ¿hablamos de un ser vivo, con sus entrañas, articulaciones, centros neurálgicos y órganos vitales responsables de funciones concretas y específicas? ¿Tiene, entonces, "alma" la ciudad?

martes, 3 de noviembre de 2009

Abib


Abib es alto, y lo parece más todavía con la gorra de béisbol que siempre lleva puesta. Tiene una sonrisa fresca, enorme y blanca como la de los negros de las películas antiguas. Aunque en realidad es una persona tímida, de las que hablan bajito y despacio, a lo mejor porque no quieren llamar la atención o no quieren que alguien advierta su presencia. Tal vez es el miedo que acomopaña para siempre a los que entran en un país extraño en una patera, dice que hambriento, sediento y muerto de frío.

Abib dejó su tierra, Gambia, en busca del sueño de miles de africanos. Cambio a su familia, su mujer, sus hijos y su trabajo de chófer por llegar a Europa. Aquí se ha convertido en el principal enemigo de la industria musical, vendiendo discos piratas por la calle. Le pregunto: él no sabe nada de canon, de derechos de autor o royalties, de lo mal que van las discográficas y lo poco que ganan los artistas. No le gusta lo que hace, admite, porque siempre anda huyendo de la policía municipal. Sin embargo, ¿qué pude hacer?. tiene que comprar comida, bebida y ropa. No vino a España para esto.

El otro día lo vi en un aparcamiento y me preguntó si iba a trabajar. Contesté que sí. Imagino que él habría respondido lo mismo, pero no le pregunté.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Domingo por la tarde

Fue un domingo de palabras al oído y besos en la boca, de dormir la siesta antes de comer. De papardelle, películas de Halloween y Paris, Je t'aime. También dimos un paseo y sacamos fotos malas con poca luz. Luego llegó el lunes.